Cuando le digo a alguien que soy arqueólogo, la reacción suele ser siempre la misma: una sonrisa, y alguna referencia a Indiana Jones y también, y seguro que las personas que se dedican a esto la ha escuchado «Qué bonito, siempre lo quise hacer pero…».

El cine lleva décadas construyendo una imagen de la arqueología que no tiene mucho que ver con la cotidianidad. Un tipo con sombrero, un mapa, una cripta llena de trampas y, al fondo, algún artefacto que hay que salvar de las manos equivocadas. Entretenido, sí. Real, no especialmente en la actualidad. Sin embargo, Indi nos está hablando de un busca-tesoros de la primera mitad del siglo XX, el reto de encontrar la pieza más espectacular no estaba demasiado alejado dela realidad. Por lo tanto, incluso nosotros cuando criticamos esa visión, hemos de pensar que en ese momento y en ese contexto la cosa era similar. Otra cosa es que los temas tratados sean magufos, el santo grial, la calavera de cristal, el arca de la alianza… en fin.

El «uniforme» ha cambiado el fedora por un casco de obra, la cazadora de cuero por la ropa de alta visibilidad y los equipos de protección individual.

No obstante  como pasa también con la película de Gladiator (la primera), la realidad es más interesante que la ficción.

La mayor parte de nuestro tiempo no transcurre en una excavación. Transcurre delante de una pantalla, redactando informes, gestionando permisos, volcando datos en bases de datos, organizando bibliografía, respondiendo correos de la administración. Cuando hay trabajo de campo, lo que predomina no es el descubrimiento, sino la metodología: prospecciones a pie bajo el sol de agosto, documentación fotográfica sistemática, levantamientos topográficos, registro estratigráfico capa a capa. El hallazgo espectacular existe, pero es la excepción, no la regla, y cuando ocurre no hay música de fondo ni cuenta atrás.

La arqueología es también gestión, negociación y burocracia. Implica hablar con propietarios de fincas, coordinarse con organismos públicos, justificar decisiones técnicas ante quien firma las autorizaciones. Es una profesión que se ejerce tanto en el campo como en el despacho, y a menudo más en el segundo que en el primero.

Lo que sí ha cambiado mucho en estos treinta años es el instrumental. El arqueólogo de hoy trabaja con SIG, con fotogrametría, con gestores bibliográficos, con bases de datos abiertas. Las herramientas digitales no han hecho el trabajo menos riguroso, lo han hecho más preciso y, en muchos casos, más accesible para quien no tiene detrás una gran institución. De eso va a tratar buena parte de este blog: de cómo hacer arqueología seria con software libre, sin depender de licencias que la mayoría no puede permitirse. Y sobretodo, la arqueología hoy en día trabaja con otras disciplinas científicas, la visión del aventurero solitario frente a los equipos multidisciplinares, la búsqueda del objeto frente al entendimientos desde varios puntos de vista.

En el fondo lo que intentamos hacer es, entre otras cosas, dar voz a las personas que la historia borró, y realmente nunca le interesó. Personas que vivieron, murieron, tuvieron sus movidas, sus peleas, sus alegrías, sus penas,  únicamente con la evidencia que ha quedado enterrada  olvidada por el tiempo, intentar devolverles a la vida.

Por lo tanto + gestos y – gestas

Y como dijo el capitán Malcolm Reynolds en la película Serenity (también la primera, la de 2005) «A esto es a lo que nos dedicamos»