Arqueología, Software Libre y lo que caiga

Mes: abril 2026

Convertir HEIF (Iphone) a JPG en Debian y derivadas

No me había pasado nunca eso de que me mandasen un lote de imágenes con formato .heif. Se trata de un formato de imagen usado por los Iphone. Aunque se puede abrir sin problemas con GIMP, el tema es cuándo tienes cientos de imágenes con los que trabajar, y es más cómodo tenerlo en .jpg. Así que vamos a ver cómo se realiza esa transformación.

En primer lugar, tenemos que hacer una instalación

sudo apt install libheif-examples

Si solo quisiéramos convertir una foto (yo usaría GIMP, pero bueno) en línea de comandos sería:

heif-convert imagen.HEIC nueva-imagen.jpg

Si utilizamos la opción -q controlamos la calidad, siendo -q 100 la máxima

heif-convert -q 100 imagen.HEIC nueva-imagen.jpg

Si queremos convertir toda una carpeta con imágenes. HEIC, como también puede venir en minúsculas .heic, y eso es un problema, ejecutamos:

for file in *.heic *.HEIC; do
[ -e "$file" ] || continue
heif-convert "$file" "${file%.*}.jpg"
done

Y aquí viene lo bueno, si queremos convertir un directorio con varias sub carpetas con ese tipo de formato:

find . -type f \( -iname "*.heic" \) -exec sh -c '
for file; do
heif-convert "$file" "${file%.*}.jpg"
done
' sh {} +

Cuando hay muchas imágenes, el proceso es algo lento, la verdad. Para evitar esa lentitud podemos probar con:

sudo apt install parallel

find . -type f -iname "*.heic" | parallel heif-convert {} {.}.jpg+

El método en arquelogía

Hay una pregunta que los arqueólogos escuchamos con más frecuencia de la que quisiéramos: «¿Y encontraste algo interesante?». La pregunta no es inocente. Detrás está la idea de que la arqueología consiste en buscar objetos. Cuanto más bonitos, mejor. Esa confusión tiene consecuencias, y no son menores. Y llevándolo al tema personal, mi respuesta siempre es «¿Define interesante?», porque lo que es para tí no lo es para mi o para la persona que pasa por allí en ese momento.

«¿Qué es real? ¿Cómo definirías lo real? Si estás hablando de lo que puedes sentir, oler, probar y ver, entonces lo real podrían ser simplemente señales eléctricas interpretadas por tu cerebro»

Lo que diferencia al arqueólogo profesional de quien sale al campo con un detector de metales no es el título enmarcado en la pared. Es el método. Y el método, en arqueología, tiene nombre, tiene historia y tiene consecuencias directas sobre lo que podemos —o no podemos— conocer del pasado.

Una disciplina con método propio

En 1974 (1984 en España), David L. Clarke publicó» Analytical Archaeology», pero es ese mismo año cuando la discusión sobre rigor metodológico en nuestra disciplina empieza a tomar forma canónica en el mundo hispanohablante con la traducción de obras fundamentales. La arqueología lleva décadas construyendo un cuerpo de procedimientos que la acercan al método científico: hipótesis, registro, verificación, publicación. También en 1974, se publica en español, la primera edición del libro «El método científico en arqueología» de Watson, Patty Jo; Leblanc, Steven A., autor.; Redman, Charles L., en Alianza Editorial.

Poco después, Edward Harris en 1979 publicó «Principles of Archaeological Stratigraphy «(1989 la segunda edición en inglés, y 1991 la edición en castellano) y la matriz que lleva su nombre tienen un origen concreto y documentado: el Winchester Seriation Diagram. No hay intuición aquí; hay observación sistemática y trabajo acumulado convertido en herramienta universal. Andrea Carandini, por su parte, llevó ese sistema al registro de campo con una precisión casi quirúrgica en su «Historias en la tierra», un manual que sigue siendo referencia obligada.

No son libros de cabecera por capricho. Son la columna vertebral de por qué excavamos como excavamos (o como deberíamos excavar).

El método estratigráfico no es un trámite

La estratigrafía parte de una idea aparentemente sencilla: las capas se depositan en orden, y ese orden contiene información. Pero la aplicación es exigente. Cada unidad estratigráfica debe documentarse, dibujarse, fotografiarse y relacionarse con las que tiene encima y debajo antes de ser retirada. No después. Antes.

Eso implica algo incómodo para quien busca resultados rápidos: ir despacio. Implica que no se puede seguir un muro porque «parece interesante» si hacerlo supone romper la secuencia. Implica que una cerámica sin contexto registrado es, a efectos científicos, casi inútil. Bonita, quizás. Pero muda.

Cuando se excava sin respetar la secuencia estratigráfica —por prisa, por inexperiencia o por un concepto equivocado de lo que importa— no se está simplemente haciendo mal el trabajo. Se está destruyendo información irrecuperable. El yacimiento no se puede reexcavar. Lo que se pierde, se pierde para siempre.

El método como responsabilidad

Los profesionales de la arqueología trabajamos con un recurso no renovable. Cada intervención consume parte de ese recurso. Por eso el método no es burocracia ni exigencia administrativa: es la única manera de justificar que la intervención aporta más conocimiento del que destruye. El ejemplo de ltomar apuntes de un libro lo suficientemente bien, que cada página que se pasa se destruye, y al final cuando ya no hay libro sólo tienes las observaciones que hayas tomado.

No se trata de seguir protocolos por obligación legal, aunque esa obligación existe y tiene sentido. Se trata de entender que la metodología es lo que convierte la excavación en investigación. Sin ella, cavar es solo remover tierra.

La próxima vez que alguien pregunte si encontramos algo interesante, la respuesta más honesta sería: lo interesante no era el objeto. Era lo que el objeto nos contaba sobre el lugar donde estaba, sobre cuándo llegó ahí y por qué. Y eso solo se sabe si se ha excavado bien.

Zotero. Gestión bibliografía con una herramienta libre

Hay un momento en la vida de cualquier profesional en el que la bibliografía se convierte en un problema. Empieza de forma inocente: una carpeta con PDFs, un documento de texto con referencias, algún marcador en el navegador. Con el tiempo, aquello crece hasta hacerse inmanejable.

La alternativa más extendida ha sido durante años Mendeley, adquirida por Elsevier en 2013. El problema con este tipo de soluciones no es solo el coste: las condiciones cambian sin que el usuario tenga voz. En 2022, Mendeley eliminó el cifrado local de su base de datos. El almacenamiento gratuito se ha reducido. Las decisiones las toma Elsevier, no tú. EndNote requiere licencia de pago; RefWorks, suscripción institucional — cuando cambias de institución, pierdes el acceso. Con Zotero, ninguno de esos escenarios existe.

Zotero es un gestor de referencias de código abierto, gratuito y multiplataforma, mantenido por una institución académica sin ánimo de lucro. Lleva más de quince años de desarrollo. Tus datos son tuyos, se guardan en local y puedes exportarlos en formatos estándar en cualquier momento.

La unidad básica es el ítem: libro, artículo, informe, página web. Cada ítem lleva sus metadatos y, opcionalmente, el archivo adjunto. Los ítems se organizan en colecciones, con una ventaja sobre las carpetas convencionales: un mismo ítem puede pertenecer a varias colecciones sin duplicarse. Un artículo sobre prospección puede estar en Proyecto Valderas y en Bibliografía general al mismo tiempo.

Los metadatos se sincronizan gratis e ilimitados en los servidores de Zotero. Los archivos adjuntos tienen un límite de 300 MB en la cuenta gratuita; para bibliotecas grandes existe la opción de sincronizar a través de un servidor WebDAV propio. Pero eso es tema para otro día.

Integración con procesadores de texto

Aquí es donde Zotero se convierte en una herramienta de escritura real. El plugin para LibreOffice y Word permite insertar citas directamente desde la biblioteca mientras se escribe. Zotero genera la bibliografía final de forma automática en el estilo elegido — Chicago, APA, Harvard, o el estilo propio de una revista concreta.

Hay un problema que cualquiera que haya escrito un informe reconocerá: referencias citadas en el texto que no aparecen en la bibliografía, o trabajos en la bibliografía que dejaron de citarse en alguna revisión. Ocurre porque los textos cambian, se reescriben, y seguir la pista de cada cita a mano es difícil. Zotero gestiona citas y bibliografía de forma vinculada: la lista final contiene exactamente lo que está citado, siempre. Cambiar el estilo de citación una vez terminado el texto es cuestión de segundos.

El conector del navegador

Una extensión para Firefox y Chrome que detecta referencias en catálogos de bibliotecas, Google Scholar, JSTOR, Dialnet o ResearchGate. Con un clic importa el ítem con todos sus metadatos y, si hay PDF en acceso abierto, lo descarga y adjunta directamente. Zotero está disponible en zotero.org para Linux, macOS y Windows. No requiere cuenta para funcionar: la biblioteca se guarda en local desde el primer momento. Si ya tienes referencias en Mendeley, EndNote o BibTeX, Zotero puede importarlas directamente.

Grupos y trabajo colaborativo

Zotero permite crear grupos con biblioteca compartida: todos los miembros pueden consultar y añadir referencias. Los grupos pueden ser privados o públicos, lo que permite mantener recursos abiertos para la comunidad. En arqueología esta posibilidad está poco aprovechada — un proyecto de intervención o un grupo de investigación podría construir fácilmente una biblioteca común de acceso abierto. Las herramientas están ahí.

 

 

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